Familias
Encontrá una orientación inicial para ordenar lo que observás, conversar con el equipo de salud y acompañar el proceso de evaluación.




Conocé razones para realizar una consulta, qué esperar de una evaluación y cómo conversar con la familia, la escuela y el equipo de salud.
La Integración Sensorial ayuda a comprender cómo una persona recibe, organiza y utiliza la información de sus sentidos para participar en la vida cotidiana.
Algunas diferencias pueden observarse en el juego, la alimentación, el movimiento, el cuidado personal, el aprendizaje o la participación social. Una lista de señales no reemplaza una evaluación profesional ni determina por sí sola una condición.

La conversación se enriquece cuando cada persona comparte lo que observa desde su contexto: la casa, el aula o el equipo de salud.
Encontrá una orientación inicial para ordenar lo que observás, conversar con el equipo de salud y acompañar el proceso de evaluación.
Reconocé cómo algunas diferencias en el procesamiento sensorial pueden afectar la participación, la atención y el aprendizaje en el aula.
Conocé el aporte de la Integración Sensorial y cómo articular una mirada funcional con la familia, la escuela y otros profesionales.
Si una persona presenta alguna de las siguientes características y manifiesta dificultades de conducta, atención, aprendizaje o en la coordinación motora, es beneficioso que se asesoren con un Terapista Ocupacional formado en Integración Sensorial, para una eventual evaluación específica.
Se irrita fácilmente, llora sin un motivo claro o le cuesta llegar a la calma y conciliar el sueño aun cuando está cansado/a.
Se angustia durante la higiene, rechaza ciertas prendas o materiales, o evita el contacto físico y algunas texturas.
Tiene preferencias muy marcadas, rechaza alimentos por su textura, temperatura, sabor u olor, o cuenta con un repertorio especialmente limitado.
Busca intensamente girar o hamacarse, evita ciertos movimientos, se cansa rápido en actividades físicas o parece más torpe que otros niños/as de su edad.
Se retrasa en algunos logros del habla y el lenguaje, tiene pocas amistades o le cuesta participar en juegos y actividades compartidas.
Se abruma en ambientes ruidosos, reacciona ante sonidos inesperados o tiene dificultades para adaptarse a la luz del sol y a la oscuridad.
Nadie conoce a tu niño tan bien como vos. Si tu intuición te dice que hay algo que no está bien, confiá en tu percepción y consultá.
Si pensás que tu niño/a puede presentar dificultades de procesamiento sensorial, te sugerimos:
También es importante que la sala reúna condiciones adecuadas: un tamaño no menor a 4 por 4 metros, al menos dos puntos de suspensión, más de un modelo de equipamiento colgante y material terapéutico que ofrezca información de distintas modalidades sensoriales.
La mirada del aula es fundamental para comprender cómo una persona participa y aprende en su entorno cotidiano.
Seguro tenés alumnos/as a los que les cuesta sostener la participación en clase o mantener la atención en lo relevante: pueden distraerse si un compañero/a habla, se mueve o se le acerca, o parecer abrumados por los sonidos y movimientos del aula.
Estos signos pueden ser indicadores de dificultades en el procesamiento sensorial. Si reconocés tres o más, puede ser beneficioso conversar con la familia y sugerir una consulta con un Terapista Ocupacional formado en Integración Sensorial.
Comprender a los niños/as con dificultades en Integración Sensorial y mostrarte sensible y compasivo con ellos es un gran paso para ayudarles a aprender desde su propio estilo.
Una mirada compartida puede ayudar a ordenar la información funcional y definir cuándo conviene una consulta o una evaluación específica.
Las dificultades en el procesamiento sensorial pueden presentarse de forma aislada o junto con otras situaciones del desarrollo y la salud, como trastornos del espectro autista, déficit de atención, trastornos del aprendizaje, dispraxia, trastornos del lenguaje, síndromes genéticos, prematuridad o trastornos neuromotores.
Ayudar a la familia a entender el perfil sensorial y reconocer señales de advertencia favorece una mejor comunicación y participación.
Graduar la cantidad e intensidad de estímulos y crear espacios de calma puede favorecer la regulación en los contextos cotidianos.
La persona participa activamente en experiencias que acompañan la exploración, el juego y la resolución de problemas funcionales.